Abismal


El sol entra por la ventana abierta, pero ella sigue sintiendo la oscuridad aún habiendo abierto los ojos. En la mesilla de noche descansan las colillas de la noche anterior, las botellas de cerveza y los envoltorios de un par de preservativos. La ropa desordenada ni siquiera deja ver el suelo, y la capa de polvo da a los muebles un aspecto blanquecino. Recorre la casa descalza, en ropa interior y con una camiseta llena de agujeros. En la cocina el fregadero está lleno de tazas de café sucias sin lavar, y unas cuántas cajas de pizza vacías se amontonan en una esquina de la barra. ¿Cuánto hace que no cocinas, ni limpias, ni pones una lavadora? ¿Cuánto hace que no sales de casa de día? ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una buena cara para alguien?, piensa mientras unos brazos fuertes rodean su cintura.
-Buenos días
-Buenos días- dice ella en tono cortante y escapándose de su abrazo.
-Vaya, veo que ya se te ha pasado el buen humor de anoche. ¿Vas a ofrecerme un café o vas a volver a echarme casi a patadas como la última vez?
Idiota, susurra ella dentro de su cabeza.
-No voy a echarte, sólo voy a invitarte a que te largues. No soy buena compañía para nadie.
-¿Qué cojones te pasa? Siempre nos hemos divertido juntos, tanto en la cama como fuera de ella, sin ningún compromiso de por medio. Y desde hace un mes no hay quién te reconozca. Tienes el piso hecho un desastre, apenas sales de casa. Me llamas cuando te apetece para echarme los mejores polvos del mundo, pero por la mañana siento que me he despertado con otra persona totalmente diferente. No sé en qué punto cambiaste y te dejaste perder así, pero ésta no es la Mía que yo conozco.
Ella siguió bebiendo de su taza sin dirigirle la mirada. Lo poco que quedaba de cordura dentro de ella sabía que Aless se merecía una explicación, pero no encontraba las palabras adecuadas. Era como si las hubiese guardado en un baúl y hubiese tirado la llave.
-Lárgate- le espetó-. ¡Lárgate! No tienes ni idea de lo que estás diciendo.
-No tengo ni idea porque no hablas más que para echarme basura encima. Sólo sé lo que veo. Y lo que tengo delante es una mujer destruida a la que no le queda nada de lo maravillosa que era. Necesitas ayuda, pero no dejas que te la den. Cuando quieras soltar todo lo que tienes guardado, llámame. Mientras tanto, no quiero seguir siendo el trapo donde limpiarte toda la mierda cuando te apetezca.
Unos minutos después un sonoro portazo retumbó por toda la casa. Se había ido la única posibilidad que tenía de salir a flote y no había hecho nada para impedirlo. Una lágrima resbaló por su cara y se disolvió en los restos de café, como se estaba disolviendo ella. Es increíble que aún te queden fuerzas para llorar.

Comentarios

  1. Reconozco el sentimiento y la escena retumba en mi cabeza. He sido Mia muchas veces, sin nadie que me abrazara por la espalda. Pero sé lo que es no ser capaz de decir nada de lo que te pasa.

    Menos mal que no te has ido :)

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